Conocer los alimentos que
existen y su composición nutricional de una forma mucho más
profunda a la que tenía hasta el momento fue un logro en el primer
bloque de actividades.
En este segundo, creo que mi avance
por el universo de la alimentación (yo añadiría, saludable) ha
seguido creciendo por otros caminos más reflexivos.
Fuente de la imagen: Pixabay
- Con la actividad sobre cocina tradicional/moderna he ordenado mis pensamientos sobre qué aspectos definen a ambos tipos de labor culinaria y cuál es mi posición al respecto.
- De la misma forma, el ejercicio del etiquetado me ha ayudado a comprobar qué información es de obligada aparición en los productos y, de paso, analizar mejor los nutrientes que me aporta uno de los alimentos que, sin querer excluir de mi dieta, sé que debo consumir de forma moderada: el chocolate.
- En el ámbito más profesional, pensar un juego para transmitir a mis alumnos y alumnas estos conocimientos me ha obligado a ejercitar la mente y a encontrar una vía divertida que me encantaría tener la oportunidad de recorrer junto a mis estudiantes.
Con respecto a cómo
utilizaría en clase dichas actividades, cabría añadir lo
siguiente:
- En lo referido a la primera actividad, enseñaría a mis alumnos en clase ejemplos de recetas tradicionales y de la llamada cocina moderna. Una vez explicado el tema, les pediría que preguntaran en sus casas recetas tradicionales y anotasen todo lo referente a una que les gustase y considerasen saludable. Tras traerla a clase, entre todos, intentaríamos ver cómo se podría dar un toque moderno a una receta tradicional. De esta forma, creo que aprenderían no solo a diferenciar los dos modelos mencionados sino, además, a comprobar que ambas vías son válidas para acercarse a una alimentación saludable.
- En cuanto al etiquetado, les pediría que se trajesen al clase el envase de un producto que les gustase y, allí, en directo y entre todos, analizaríamos las etiquetas y charlaríamos sobre qué alimentos son más saludables según la información proporcionada en las mismas. Con ello pretendería que, la próxima vez que fuesen al supermercado, tuviesen la inquietud de pararse a leer las etiquetas de los alimentos y supieran comprenderlas.
- Por último, en lo referido al juego, además de poner en práctica lo detallado en “El nutriente sabiondo”, abriría la actividad a nuevas propuestas planteadas por los propios estudiantes que pudiesen servir para asimilar mejor los contenidos tratados. De esta manera, no solo consolidamos el conocimiento adquirido sino también estimulamos la imaginación y damos rienda suelta a su creatividad.
En conclusión, un nuevo
bloque interesante y útil que me encantaría poder compartir con mis
alumnos y alumnas. ¡Continuamos!







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